Cataluña ha puesto punto y final a la tortura y al asesinato de animales en los ruedos. Creo que al resto de España se nos llena la boca muy pronto criticando a Cataluña, pero en muchas ocasiones van bastante más adelantados. Esta es una de esas ocasiones. Es una decisión radical, al menos así lo veo yo, pero creo que antes de permitir que se sigan ensañando con los toros, se aguantan los aficionados. Radical porque yo creo que el toreo, como algo plástico es realmente interesante de ver, pero implica una crueldad desmesurada con el animal. He visto por la televisión plazas -creo que en USA- en las que se torea pegando las banderillas a un velcro que el toro lleva sobre la espalda. El arte es el mismo, la tortura no, de hecho, en este caso no hay tortura. Ese es un buen punto intermedio entre arte y muerte.
Ante la prohibición se han hecho todo tipo de declaraciones, una de las que más me ha llamado la atención es la de la señora González-Sinde, la Ministra de Cultura. Según ella el toreo es cultura y no debería ser prohibido. Esta señora debería haberse tragado su lengua en ese momento. ¿Cómo se puede tener tan poca vergüenza?. ¿Cómo alguien que prohibe las descargas de música que tienen únicamente efectos económicos puede decir que no debería prohibirse la tortura a los animales en pleno s.XXI?. Señora Ministra de Cultura, con todos mis respetos, ¿porqué no coge unas vacaciones vitalicias?.
El argumento más ridículo que he oído siempre que he discutido con alguien sobre la tauromaquia es el siguiente: si no te gusta ver morir a un toro, ¿porqué comes carne?. Es muy sencillo, porque se trata de la pirámide alimenticia, porque yo cuando me como una cortada de ternera no la he estado torturando hasta la muerte, porque yo no hago que se desangre, porque yo no le inflijo dolor. Aunque también está el de: a los toros que se van a torear se les trata como reyes. Entonces sí, si al toro se le ha tratado como a un rey, entonces que lo maten, que lo torturen, que lo humillen y que lo maten. Don Juan Carlos, Doña Sofía, prepárense, que llevan demasiado tiempo viviendo como reyes.
El que más me hizo "sentir la Roja" fue Casillas, cada vez que paraba el balón y se quedaba arrodillado en el suelo unos segundos era como si estuviera dentro de él, sintiendo sus nervios, su emoción y su responsabilidad. Cuando Iniesta marcó Iker explotó en lloros, porque los hombres también podemos llorar, esa alegría del portero la compartíamos todos los que estábamos viendo el futbol. Realmente se merecieron ganar un partido tan intenso como el de ayer en el que, al menos para mí, Holanda hizo el ridículo con ese juego tan sucio, que no les sirvió para nada más que para volverse a casa con las manos vacías.