"Teniendo en cuenta las dificultades que está pasando Egipto, el presidente Hosni Mubarak ha decidido dejar el cargo de presidente de la república y ha encargado al Consejo de las Fuerzas Armadas administrar los asuntos del país". Con esas palabras, Omar Suleimán, vicepresidente de la república egipcia anunciaba la dimisión de Hosni Mubarak, nunca una declaración había provocado la alegría unánime de todo el pueblo egipcio, un pueblo que, tras 18 días de protestas pacíficas, ha ganado la partida. Los egipcios han acabado en casi tres semanas, con treinta años de dictadura, de corrupción y de represión. Ahora celebran su liberación.
Mubarak ha demostrado carecer de la valentía de los opositores al decidir huír de la ciudad de El Cairo. Aunque ésta era una noche de celebración, de emociones y llantos de alegría, ahora comienza un periódo básico para establecer un régimen democrático, una transición hacia la democracia que los ciudadanos han exigido, con un valor envidiable, durante 18 días. Aires de libertad llegan a Egipto, vientos perfumados de alegría que unifican y satisfacen al pueblo.