29/03/11

Inaugurar sobre plano.

Ayer fue 29 de Marzo, la nueva Ley Electoral prohíbe todo tipo de inauguración, colocación de primeras piedras y visitas a obras hasta el 22-M. Los políticos, de ambos lados, apretaron sus agendas para abrir al público todo lo que pudieron y más.

En la Comunidad Valenciana, los políticos del PP se han lucido en el periodo inaugural. Rita Barberá, alcaldesa de Valencia, abrió una estación de trenes en una pedanía de Valencia e invitó a los vecinos a pasear por el túnel ya que éstos no pasaran hasta dentro de un mes; el Presidente de la Diputación, Alfonso Rus, inaugurando unas obras en Ontinyent, se mofó de un grupo de personas con problemas de movilidad diciéndoles que si no podían bajar por las escaleras, y debido al elevado coste que supondría un ascensor, les podían poner unas cuerdas para bajar y subir. El President de la Generalitat, Francisco Camps, fue hasta la Vall d’Uixó y no vaciló ni un segundo al decir "¡Os prometí un hospital y aquí tenéis la maqueta!”.

Supongo que, a los políticos valencianos, el día que en la Facultad enseñaban lo que es el compromiso con los ciudadanos y el respeto hacia las personas, decidieron quedarse a jugar al póker en la cafetería, debía gustarles bastante lo de no ir a clase, porque Camps tampoco fue el día que dijeron que después de comprar algo, se paga, trajes incluidos.

02/03/11

El ego de Rita Barberá.

La alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, lleva 20 años en el cargo o, lo que es lo mismo, cinco legislaturas. Su imagen, convertida por los ciudadanos en un icono, forma ya parte de la ciudad. Ni los errores políticos, ni las declaraciones incorrectas, ni las acusaciones de corrupción hacen tambalear su figura, y si lo hacen, sale a la calle, se acerca a los barrios y consigue entremezclarse con los vecinos hasta ganárselos. Su carisma es algo que no se puede negar, guste o no.

Hace años agarró la mano de Francisco Camps, su Paco. Ese mismo Paco que agarró, a la vez, la mano de un buen modisto cuyos trajes eran una auténtica ganga. Pero eso, a los valencianos, tampoco nos importa, Camps aprendió rápido de Barberá, si su popularidad roza mínimos, aplica la técnica de revolverse entre los ciudadanos y, de la mano de Rita, disparan su popularidad. Son una pareja con una gran fuerza política, pero el cariño que la gente le tiene a Rita no tiene parangón.


Ese icono en el que los valencianos hemos convertido a Rita, ya sea alagándola o criticándola, la ha convertido en una mujer ególatra, prepotente y déspota. Sus contínuos triunfos electorales, cada vez más apoyados por los votantes, la han convertido en una alcaldesa inamovible, y esta idea, está muy extendida entre los ciudadanos que llegan en ocasiones a plantearse la utilidad de acudir a las urnas el próximo mayo. Barberá y su ego no aceptan crítica alguna y no dudan en hacer gala de mala educación para silenciarlas.

Además, y para colmo, estamos en marzo y en Valencia comienzan las Fallas, fiesta que la alcaldesa vive con especial sentimiento, lo que gusta entre los valencianos que, en sus actos públicos la aníman, le gritan y la apoyan. Al grito de ¡Que bote Rita!, la alcaldesa bromea con los ciudadanos desde el balcon del Ayuntamiento al finalizar las mascletàs. Barberá no duda ni un instante en obedecer las órdenes de sus ciudadanos y salta con una reluciente sonrisa. Por suerte, y de momento, el ego de la alcaldesa no alcanza cifras tan desorbitadas como los costes de la Fórmula 1.