Artículo 1. España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia.
Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.
La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones.
La bandera de la República española es roja, amarilla y morada.
Artículo 2. Todos los españoles son iguales ante la ley.
Artículo 3. El Estado español no tiene religión oficial.
Artículo 4. El castellano es el idioma oficial de la República.
Todo español tiene obligación de saberlo y derecho de usarlo, sin perjuicio de los derechos que las leyes del Estado reconozcan a las lenguas de las provincias o regiones. Salvo lo que se disponga en leyes especiales, a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de ninguna lengua regional.
Artículo 6. España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.
Artículo 7. El Estado español acatará las normas universales del Derecho internacional, incorporándolas a su derecho positivo.
Artículo 25. No podrán ser fundamentos de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas.
Artículo 26. [...] El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas.
Artículo 29. Nadie podrá ser detenido ni preso sino por causa de delito. Todo detenido será puesto en libertad o entregado a la autoridad judicial, dentro de las veinticuatro horas siguientes al acto de la detención
Artículo 34. Toda persona tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, valiéndose de cualquier medio de difusión, sin sujetarse a la previa censura.
Artículo 36. Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes.
Artículo 38. Queda reconocido el derecho de reunirse pacíficamente y sin armas.
(Fragmento Constitución 1931)
14/04/11
09/04/11
El cadáver (microrrelato)
Se metió la raya sin saber que sería la última, anduvo unos pocos metros hasta que, víctima de un ligero mareo, y un enorme exceso, cayó al suelo golpeándose, de frente, la cabeza. Un hilo de sangre recorrió su cara, desde la frente hasta la barbilla, dividiéndola simétricamente en dos. Sus ojos se tornaron blancos, su boca lanzó su último aliento, perfumando el ambiente de tabaco y whisky. El cuerpo del periodista comenzó a enfriarse y a endurecer mientras yacía, inerte, en el frio suelo madrileño.
Una mujer advirtió la presencia del cuerpo en la acera, con la rapidez de sus tacones de aguja llegó hasta el cadáver, lo giró y reconoció su cara. Era Salvador Sostres, el periodista de El Mundo, el mismo que había justificado el asesinato de una mujer a manos de su marido, entonces recordó cuando dijo en un programa de Telemadrid que le gustaban las mujeres jóvenes porque “no huelen a ácido úrico y sus carnes no rebotan”. Con furia la mujer lanzó de nuevo la cabeza contra el suelo, miró a su alrededor cerciorándose de su soledad. En ese momento, clavó el tacón negro en su nuca y descargó, con la elegancia del clásico contrapposto, su peso sobre Sostres. El tacón perforó su nuca y liberó un terrible olor a putrefacción. Sostres estaba descompuesto por dentro desde el primer día de su vida. La mujer retiró el tacón del cuello del cadáver, limpió la sangre con la chaqueta del periodista y continuó andando con la sonrisa pícara de quien se cerciora de la muerte un auténtico cretino.
(ficción)
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