31/12/10

2010, ¡Hasta siempre!

Vivimos en el final de la cuenta atrás hacia el 2011, esa cuenta atrás que éste año viene cargada, más que nunca, de esperanzas y buenos deseos. La esperanza de que la crisis nos deje respirar, aunque sea un poco, el deseo de mantener o encontrar un puesto de trabajo. Los universitarios comienzan el año con la esperanza de que los frutos de sus horas de estudio en Navidades, queden plasmadas en la nota de los exámenes de enero.
Empezamos un nuevo año, quizás para muchos el 2011 no sea más que una continuación del 2010, sin embargo, para otros, éste nuevo año implica el comienzo de nuevos proyectos, laborales, sentimentales, familiares... nuevas situaciones a las que se enfrentarán con muchos miedos e inquietudes. A ellos/as les deseo toda la suerte del mundo.

Ojalá 2011 sea el principio de una década más humanizada, más preocupada por la sociedad que por la economía, con menos enfrentamientos armados por territorios, con menos hambre y menos pobreza. Ojalá 2011 se convierta el año en el que ETA abandone las armas, en el año en el que no tengamos que denunciar tantísimos casos de violencia de género como éste año, en el año en el que no veamos en más telediarios casos de pederastia. Ojalá y en este nuevo año que empezamos dejemos pensar tanto en la maldita crisis.
Os deseo un año lleno de buen amor, de salud, de algo de dinero, y de Luz. ¡Feliz 2011!

24/12/10

Navidad


Gambas, langostinos, percebes, cordero, pavo, ensaladas, y bastantes tonterías han inundado durante muchos años nuestras mesas en estas fechas. Éste año no todas las casas podrán permitirse derrochar dinero en comidas especiales. Las cenas y comidas de Navidad van a estar marcadas por una austeridad y unos recortes económicos que envuelven, desde hace un tiempo, toda nuestra vida. Aún así, nos sentaremos a comer hasta reventar.
Mañana, cuando los niños se levanten a recoger los regalos que Santa Claus les haya dejado, descubrirán, estupefactos, que pocas cosas son las que el viejo rechoncho les ha traído. Les va a dar igual, cualquier regalo les hará ilusión, hasta la mayor tontería. Si no es así, y en algunos casos no lo será, deberíamos pararnos a pensar que tipo de educación consumista y avara les hemos inculcado. De aquí en adelante deberemos volver inculcar unos valores que vosotros, las generaciones anteriores a la mía, tuvisteis y, que nosotros no recibimos y, por lo tanto, hemos perdido: el valor de compartir, el valor de disfrutar de las pequeñas cosas y el no juzgar las cosas por el dinero que cuestan sino por la utilidad que les damos.
Espero que, a pesar de todos los obstáculos que tenemos en el camino, podamos pasar unas fiestas rodeados de la gente a la que queremos, porque eso es lo verdaderamente importante, y no el no poder comer marisco. Feliz Navidad a todos/as.

22/12/10

Madrid

Hace unas semanas estuve con mi amiga Esther por Madrid. La verdad es que, de vez en cuando, viene muy bien cambiar de aires, aunque sea por unos días. Es una suerte poder hacerlo junto a una persona como Esther. Es una suerte pasar cuatro días junto a una amiga y no dejar de reírte ni un sólo segundo, no pensar en los problemas, olvidarlos y disfrutar del momento. Soy afortunado de tener algunas personas como ella en mi vida. Aquí os dejo unas fotillos del viaje.









09/12/10

El primer día.

Es el primer día sin tenerte a mi lado. Me levanto y me miro en el espejo, tengo los ojos todavía llorosos, la luz me molesta, la apago. Paso junto a la ventana, está nevando, pienso en ti, adoras ver nevar. Me tiro en el sofá y me tapo con la manta. Cojo el teléfono y marco tu número, cuelgo antes del primer tono. ¿Seré consciente algún día de que ya no somos pareja?, ¿dejaré de quererte? Veo nuestra foto, me abrazo a ella y me duermo. Cuando me despierto ha dejado de nevar, está empezando a oscurecer, las luces iluminan la ciudad.

Un taxi me acerca hasta el centro de la ciudad. Al bajar, una ráfaga de aire hace que mi gorro salga por los aires, me agacho para cogerlo y, al levantarme… ahí estás tú. Paseas junto a un amigo. Miro tus ojos, están entristecidos, apagados, casi cristalizados por el frío. El aire juega con tu pelo y enrojece tu nariz. Sigo queriéndote demasiado. Evito que me veas y saludarnos. Es tan doloroso tener que besarte las mejillas. Continúo mi tarde de compras. Tanto las tiendas como las calles están completamente sumergidas en el ambiente navideño. Cientos de parejas abarrotan los comercios. Las observo. Sus manos cogidas, sus caricias y sus besos me provocan una envidia que me corroe, lo mejor es volver a casa. En el camino de vuelta sigo pensando en llamarte, aunque no lo hago. Necesito hablar, hemos vivido muchas cosas juntos, eres realmente importante para mí, además, no consigo eliminarte de mi mente ni un solo segundo.

Al llegar a casa, cargado de bolsas y agotado física y mentalmente, me siento en el borde de la acera, está fría y algo húmeda. Enciendo un cigarro, me lo fumo lentamente, saboreo las caladas y me recreo al tirar el humo. No dejo que se consuma completamente y lo lanzo hacia una alcantarilla, el agua que ha dejado la nieve al fundirse la arrastra hasta hacerla desaparecer. Subo hasta el mi piso, en el ascensor prefiero no mirar mi reflejo en el espejo. Cocino para dos, como siempre, tiro la mitad. Ceno y me acuesto a dormir. Silencio mis lágrimas bajo la almohada, que todavía huele a ti. Mientras, fuera, comienza de nuevo a nevar.

(ficción)