14.9.10

Bye bye holidays!

Todo lo bueno tiene un final, y en eso está la gracia, si las cosas no tuvieran un principio y un final no las valoraríamos. Hoy es mi último día de vacaciones. Mañana iré al instituto, por poco tiempo ya que sólo tengo que recoger el horario, y pasado comienza a las 7 y poco de la mañana la rutina de mi último año -supuesta y deseadamente- en Bachiller. Ahora me enfrento a sentimientos contradictorios, por un lado, tengo bastantes ganas de volver a clase, de estar con los compañeros, los profesores, de aumentar mis conocimientos... pero, por otro lado, las ganas que tengo de levantarme bien prontito todos los días hasta las próximas vacaciones, que tan lejanas se ven, son ningunas.
Como he tenido unas vacaciones de 3 mesecitos (tranquilos, se me han pasado como vuestros 15 días) seguramente me costará un poco concienciarme de que ya no me podré acostar a las 6, salir de fiesta casi todos los días, ni levantarme cuando acaban los Simpsons, pero en cuanto lleve unos días en clase, me acostumbraré, como hacemos todos, a la rutina de siempre.

4 comentarios:

Amanda dijo...

Estamos todos igual...
Lo bueno del instituto son nuestros paseos a la fuente.


TE QUIERO!

Amanda dijo...

Estamos todos igual...
Lo bueno del instituto son nuestros paseos a la fuente.


TE QUIERO!

andylonso dijo...

Hola mi niño. Aprovecha esa rutina, que dentro de unos años, la verás como "los buenos tiempos", en que el instituto era un agobio, pero tu única preocupación "laboral" ajajajaj. De momento tus esfuerzos se ven recompensados, que en un futuro a lo mejor trabajarás como un chino para nada jajajaja. Dísfrutalos Héctor, en serio, porque son los mejores años en la vida de una persona. Aférrate a tus ilusiones, y lucha por ellas sin descanso.

Un beso.

Rosa Sanchis dijo...

La rutina, la fresqueta de la tardor, sentir el despertador cada matí, a les 7… arribar a classe i reprimir els badalls per no contagiar la son a les caretes del davant, demanar que quan badallen es tapen la boca amb la mà perquè, si no, s’apega... començar a escriure a la pissarra amb dolor de braç, pel costum de donar-li a la tecla de l’ordinador i desitjant tindre una pantalla gegant en lloc d’un tros de fusta pintada de verd i un guix a la mà... Tot per ensenyar una llengua que ací en aquesta ciutat no parla ningú, o quasi ningú.