23.10.10

Eva

Cada vez es, desgraciadamente, más común ver grupos de mujeres ofreciendo sexo a cambio de dinero en los arcenes de cualquier carretera nacional. No importa si es durante el día, o bajo la luz de la Luna, esas mujeres recorren semi-desnudas y sobre un par de tacones largas distancias y soportan crueles humillaciones. Mucha gente piensa que están ahí por gusto, que podían buscar trabajos que se consideran "dignos"; la realidad es muy diferente.

Grupos organizados de proxenetas convencen a las mujeres, en sus países de origen, de viajar hasta España donde les aseguran que tendrán una vida mucho mejor de la que tienen. A cambio, simplemente, de una cantidad no muy elevada de dinero. En ningún momento les hablan de prostitución, de penurias, de peligros, de enfermedades ni de muerte. Parece simple, y es convincente el hecho de venir aquí para trabajar y vivir mientras terminan de pagar esa mínima cantidad en forma de intereses por el viaje. Cuando atraviesan nuestra frontera, como ilegales, se topan con una realidad distinta a la imaginada y prometida. Los intereses que tendrán que pagar serán mucho más elevados de los acordados, tan elevados, que tendrán que estar sometidas y esclavizadas sexualmente hasta cubrir la deuda, hasta entonces, liberarse de las redes de trata de personas será prácticamente imposible, intentarlo y ser descubierta puede ser mortal.

Anoche, Eva, una prostituta forzada nacida en Ghana se abalanzó sobre el coche en el que íbamos, muchas de las mujeres que están sometidas sexualmente lo hacen, se juegan la vida lanzándose sobre coches en marcha para pararlos y ofrecerles a los conductores sus servicios. Es como un grito silencioso que clama ayuda. Supongo que pensarán que cuanto antes recauden el dinero para liquidar la deuda con el proxeneta antes tendrán su ansiada libertad. Eva nos contó que por practicar sexo oral y penetración vaginal cobra 10€, diez míseros euros. En su mirada se entremezclaban miedo y tristeza. Nos dijo que salir de las redes de prostitución es muy difícil, ya que los proxenetas tomarían represalias ante un intento de huída. Eva se quedó en la calle, como hacen miles de mujeres cada día, un cuerpo joven lleno de sufrimiento que busca la libertad, una don nadie en nuestro país puesto que es una sin papeles, una mujer que seguirá recorriendo calles en busca de clientes hasta reunir la cantidad suficiente con la que saldar la deuda y ser, por fin, libre.

Hay una forma muy sencilla de liberar a estas mujeres: legalizar el ejercicio de la prostitución. Cuando exista una legalización formal de ésta práctica, las mafias se acabarán y con ellas la sumisión y la esclavitud de personas, que aún, en pleno s.XXI, continúa existiendo. Será entonces, y sólo entonces, cuando el que decida vender su cuerpo, lo haga libremente.

Os hago una recomendación: "Ellas" un artículo de opinión publicado en "El País" por Rosa Montero.

1 comentario:

andylonso dijo...

Hola Héctor!. ¡Cuánto tiempo, verdad
He estado abducida, pero no por extraterrestres, jajaja si no por los problemas, la búsquda de trabajo y ahor......l duro trabajo, pero tan necesario. Ahora, ya mas centrada vuelvo a la carga .

Pues sí, la verdad es que es deleznable la cantidad de mafias que vivn de engañar a mujeres hundidas en la necesidad. No sé si legalizándolo se acabaría el problema, pero me parece algo genial. Que tuviran su seguridad social, a fin de cuentas es un trabajo como otro cualquiera no?.

Es una lástima que encima abusen de ellas en todos los sentidos. CUando además, los políticos más recatados, los más rectos, los más respetuosos de cara a la galería, suelen ser los más cerdos en la otra ventana de su vida. En fin, es lo que hay. Ojalá seamos muchos y tengan en cuenta la petición para estas mujeres, que cada día, vienen aquí buscando una vida mejor y se encuentran con un auténtico infierno.

Un beso